Cuentos y Textos que fui escribiendo a lo largo del camino

jueves 19 de julio de 2007

El Jardin de la Ilusion

El Jardín de Ilusión

1.

En el siglo de la oscuridad el mundo estaba dividido en tres imperios que se hacían sombra mutuamente. La triste humanidad tanteaba las paredes como ciegos y sus calles estaban iluminadas con velas de grasa. En un arranque de altruismo, de cada una de los pueblos eligieron un hombre para lograr la hazaña de traer nuevamente la Luz. Según lo antiguos sabios, debían quemar el Jardín de Ilusión. Eso la entretendría por un tiempo suficiente para que la Luz, atemorizada por las mil maldiciones que había engendrado la Ilusión sobre ella, desease volver a surcar los cielos iluminando cada rincón de la tierra.

Estos 3 hombres excepcionales se encontraron en tierra neutral, si es que aun existían tales cosas, pues lo rumores de escasez de grasa habían sumido a los imperios en una puja de intereses mezquinos. Pero de todas maneras, facciones internas acordaron enviar a estos hombres en una misión especial, altamente secreta sin resultado garantizado, pues como es de dominio público, si la Ilusión no anda por ahí mostrando sus faldas, menos lo hará con su Jardín.

En una posada perdida de los suburbios, oscura y maloliente, repleta de delincuentes y toda clase de alimañas, nuestros héroes se conocieron respetando el protocolo, pues ya sabían de los otros por su fama internacional.

Uno de ellos era un gran Detective reconocido en todo el mundo pues había resuelto y publicado grandes casos. El mas intrincado fue el de una mujer que falseó su propia reencarnación para cobrar una cuantiosa herencia. Una compleja red Karmica llevó al Detective a descubrir la mujer muerta que debía reencarnar, pero nunca lo logró. La Asesina ocupó su lugar para cobrar la herencia de la recién nacida. También estaba ese otro caso famosísimo con el cual se interpretaron varias obras de teatro, donde el asesino resultó ser un espejo que al deformar la figura de quien se ponía delante, hacia realidad tal transformación. Por la composición particular del pegamento que se usó para el fondo del espejo, el Detective descubrió que solo había un lugar en el mundo donde se hallaba. Así encontró la pista al artesano y aun hoy sigue encerrado sin tener permiso para realizar espejos.

El otro era un consumado Mago con innumerables hechizos innovativos y hasta algunos cuantos completamente originales. También conocía y había creado palabras mágicas de lo más complicadas que trasformaban las cosas a su capricho. Hasta toda una lista de demonios y esbirros a quien invocar por protección o conocimiento. Se decía de él que había entrado en la Nada misma. Reapareció 3 días después y dijo inmutable, sin un pelo despeinado –Efectivamente señores, mas allá no hay donde ir–

Y por último un bravo Guerrero y estratega. Había guiado la gran expansión de su imperio burlando una y otra vez las fuerzas de sus enemigos. De él se decía –Hizo caer a Ejércitos cuantiosos en manos de pocas milicias, una y otra vez, en todos los terrenos y todos los frentes– No se le conocía una sola derrota y cuando supo que las fuerzas no daban, aconsejó a su Emperador detener la expansión y firmar un tratado de paz firme y duradero. Con la oscuridad y el estado calamitoso de los imperios, sobrevendrían años de paz para reconstruirse a si mismos.

Para que nuestros héroes emprendan camino, debían primero, encontrar al Anciano que guardaba unas piedras mágicas que mostraban el camino al Jardín. Si bien nadie entendía como podía funcionar una cosa así, fue un secreto guardado celosamente por siglos y siglos de padres a hijos de las Logias a la cual pertenecían nuestros hombres. –Si necesitáis ir al Jardín de Ilusión, buscad al viejo sabio que guarda las piedras mágicas… o más bien, emprended el camino y él se presentará a vosotros– Así nuestros héroes, incitados por el inconsciente social, tiraron a la suerte los ocho puntos cardinales y partieron cuando un sol negro pasaba justo frente a su camino.

2.

En medio de un bosque un Anciano estaba sentado frente a una fogata bajo la noche oscura y cerrada. Sus labios entonaban palabras incomprensibles arrancadas del fondo de su alma, que al brotar de su boca se veían como burbujas de luz elevándose al cielo, opacando con sus brillos al fuego. Nuestros héroes se acercaron en silencio, asombrados y curiosos. El Anciano continuó ensimismado en su canto como si nadie hubiera aparecido.

El Mago dijo a sus compañeros –Está entonando palabras en Lengua del Corazón–

– ¿Y que dice? –preguntó el Guerrero.

–Cada uno tiene su propia Lengua del Corazón– murmuró el Mago llevándose el dedo índice a los labios –Shhh–.

– ¿Pero que dice? – se impacientó el Detective.

–Ah no, no tengo idea, es indescifrable para todos los demás. Es la forma en que el alma se conecta con el alma del Universo– concluyó el Mago y continuó escuchando con atención el cántico. Entonces el Anciano extendió sus manos al cielo sin dejar de cantar y luego se sentó. Tomó una pipa que estaba cerca del fuego, la llenó con una yerba que sacó de un saquito de su pecho y encendió el fuego. Dio una fuerte y larga pitada y contuvo el humo. Hizo girar la pipa y los 3 héroes copiaron las acciones del Anciano. Luego miró a los 3 hombres con detenida atención y al fin dijo lentamente –Vosotros ya no sois jóvenes, pero la Fuerza se ve en sus miradas. También veo a sus familias esperándolos, y si les doy las piedras, ciertamente no volverán–

– Era de suponer – dijo el Detective.

– ¿Tienes las piedras? – preguntó el Mago repleto de ansiedad por conocer su magia, por degustar sus raros hechizos y su extraño origen.

– ¿Qué podemos hacer, que nos aconsejas? – preguntó el Guerrero.

–Que no valláis– replicó con urgencia el Anciano –No están preparados para entrar en el Jardín de Ilusión. Verán, no es un lugar creado para los hombres…– se detuvo pensativo, buscando las palabras –Allí… allí nada es lo que parece. Se perderán y jamás regresarán. Además, nadie sabe que es peor, si perderse en el Jardín, o que la Ilusión los encuentre–

– ¿Qué tan malo puede ser?, he conocido muchos monstruos– se jactó el Mago.

–Nadie ha podido contarnos como es la ira de la Ilusión– replicó el Anciano y el Mago arqueó las cejas y luego suspiró con desdén.

–Nadie logró quemar su jardín– concluyó el Detective.

–Nadie lo sabe– contestó el Anciano –excepto estas piedras que fueron creadas antes que la Ilusión misma. Hasta podríamos decir que es como una hija para estas piedras–

– ¿Se supone que las piedras nos dirán como quemar el jardín, o las piedras mismas lo quemarán? – preguntó el Detective

–Lo repetiré una vez mas– dijo el Anciano, como quien habla a un niño –Nadie lo sabe pues de los que fueron, nadie regresó. En realidad “Nadie” no, las piedras siempre volvieron. Ellas siempre vuelven a mí…

–Espera un momento buen hombre– dijo el Mago – ¿Fueron muchos? –

–Muchísimos– contestó el Anciano asintiendo y dándole otra pitada a la pipa para hacerla correr.

– ¿Algún bravo guerrero? – preguntó el Guerrero.

–Pues en todas las eras, siempre han habido hombres excepcionales como ustedes. Y todos, siempre, buscan el Jardín de la Ilusión… ¿y saben que?, nadie vuelve, todos se pierden en el camino o en el mismo jardín. Y el mundo sigue sumido en esta oscuridad temerosa. Como en otros tiempos, igual. En oposición a mis ancestros, creo que esta constante universal puede ser cambiada, al menos una vez, y ver que sucede–

–Nosotros podremos hacerlo…– se apresuró a afirmar el Guerrero –La guerra es inminente y será la destrucción de la humanidad. Debemos encontrar ese Jardín y quemarlo o no quedarán hombres sobre la faz de la tierra.

– ¿Y que crees bravo Guerrero, te será fácil encontrarlo? – Miró a los otros dos y con gravedad continuó – ¿Creen acaso que el Jardín es en realidad un jardín, y que allí hallareis inofensivas florerillas silvestres? ¿Es que piensan sujetar el humo con las manos?–

Nadie respondió. El Anciano continuó con lástima, mirando las llamas del fuego subir al cielo –Pues déjenme decirles que no es la primera vez que vienen a verme aquí…no, no se sorprendan, no es la primera vez que ustedes 3 llevarán estas piedras, aunque no lo recuerden… Si bien esta es la única vez que se los digo, no pueden saber amigos míos, si esta será la última vez que me vean–

–Entonces estamos encerrados en un ciclo eterno– concluyó el Detective.

–Mas bien árboles espiralados con ramas espiraladas y entrecruzadas… como las ondas en un estanque de agua cuando llueve…pero con infinitas dimensiones– Y se quedó pensativo mirando chisporrotear los leños. Todos permanecieron en silencio, excepto el Mago que tosió compulsivamente, expulsando el humo de sus pulmones. El Anciano salió de su ensimismamiento y concluyó –De todos modos, aquí tienen las piedras, ellas los guiarán… No se sorprendan, suelen hablar, son piedras muy evoluciondas–

Y nuestros hombres ilustres marcharon una vez mas (según una lectura atenta de las palabras del Anciano), rumbo al Jardín de la Ilusión a liberar a la humanidad de su oscuro temor.

3.

Y así fue como anduvieron por los caminos que las 4 piedras indicaron con sus movimientos y disposiciones espaciales, y hasta incluso algunos comentarios precisos. También sus colores cambiaban, aunque no dejaban de ser como un pedazo de nada negra y pesada. La luz no se reflejaba en ellas y al tacto eran frías, daban la sensación de absorber energía a través del contacto. Por ello nuestros héroes las mantuvieron envueltas en una bolsa de tela muy resistente y gruesa.

Las aventuras a lo largo del viaje están registradas en El camino de los 3 Héroes, dictadas por los 3 héroes en persona. Pasaron miles de historias, fieles a su fama, alcanzando siempre un final heroico. Al final del 5to año las piedras los llevaron a un desierto tan ardiente como inabarcable de contemplar, más allá de los confines del mundo conocido.

Las arenas se extendían como lenguas bifidas o trífidas, amontonadas unas al lado de las otras. En el horizonte, se las veían entremezcladas formando grandes dunas, y según lo indicaban las piedras, era el final del camino. Internándose en el vacío ardiente, se perdieron entre las montañas de arena y vagaron en círculos por días. El Detective logró advertirlo al descubrir una marca que había dejado en la arena. Se trataba de una esfera de madera con un tambor interno y pequeños imanes en su interior. Cuando acercaban otro metal por la superficie, la esfera demostraba porque la llamaban “Pulso”. Hasta el Mago se sorprendió que el Detective conozca las ocultas artes magnéticas, tan celadas entre las Logias mágicas.

Fue entonces cuando de las piedras, aquella que parecía en cierta manera coordinar el movimiento de las otras 3, dijo así –Han concluido la séptima vuelta. Ahora sentaros aquí mismo, y esperad que la luna esté en su cenit–

Así lo hicieron y cuando anocheció, encendieron una fogata y se alimentaron con provisiones. Las piedras estaban ubicadas como un cuarto integrante del grupo, frente al fuego, creando un campo de absorción de luz alrededor de ellas.

Entonces otra piedra dijo –Ahora, dejad caer una gota de vuestra sangre en papel de arroz, y quemadlo. Luego deberán esperar a que las estrellas alcancen sus posiciones–

El Mago se las ingenió para materializar un poco de papel de arroz, que si bien no era de buena calidad ni era abundante, fue suficiente para terminar el ritual y esperar.

En silencio, respiraban lentamente, intentado ni siquiera mover el aire a su alrededor. El fuego se consumió elevando una columna de humo al cielo.

Nuestros héroes nunca supieron cuales fueron las estrellas ni en que posiciones estaban, pues en un momento una nube cubrió el cielo. De ellas descendieron 3 columnas de humo que al tocar el suelo, lo tiñeron de un verde musgo clarito, lentamente, propagándose en todas direcciones.

El Mago estaba azorado, no alcanzaba a comprender la magia, lo superaba ampliamente. Si bien conocía un centenar de trucos que lograrían el mismo efecto, todos ellos producían distorsiones en el campo de energía del Universo. El terror lo inundó cuando no sintió variación alguna en la energía, con lo cual aquello que estaba sucediendo no era Magia de ningún tipo. Y si había algo que conocían muy bien en la Gran Logia Mágica, eran las Magias de todos los tipos habidos, y según algunas opiniones, por haber.

Así fue que nuestro Mago se levantó e invocó las palabras más poderosas de la Lengua Impronunciable, haciendo emanar una burbuja de energía blanca de su cuerpo. Creció y creció hasta alcanzar a sus dos compañeros, que ya habían corrido ha ubicarse dentro.

Las columnas de humo se multiplicaron y de ellas, unos monstruos enormes y deformes, emergieron con paso pesado al desierto bañado por la luz plateada de la luna llena. Tenían más cabezas que cuerpos pero menos cuellos que cabezas. Tenían más dientes que espacio, más ojos que parpados, muchas piernas y muchos más brazos. Rodearon a nuestros héroes y todos juntos en ataque coordinado, se lanzaron contra la burbuja. Resistió sin problemas la primera y la segunda embestida. La tercera empezó a resquebrajarse. En la cuarta el humo ingresó dentro de la burbuja.

Un pesado sueño cayó sobre los hombre, mientras otra piedra sentenciaba –Dormid mortales que despertareis en el Jardín de la Ilusión–

4.

El Guerrero fue el primero en abrir los ojos y levantarse. Estaban tirados en la parte central y mas elevada de un Jardín infinito, repleto de árboles, flores, estanques, espacios flotantes con vegetación colgando, desafiando la ley de gravedad y otras no tan graves.

Estaba maravillado contemplando el escenario de cataratas hacia arriba con sus aguas perdiéndose en los cielos, o de los árboles inmensos con sus copas con forma de animales: caballos, elefantes, leones, jirafas y hasta incluso hombres o mujeres desnudas. Otras formaciones vegetales parecían grandes continentes de un algo que no podían precisarse, con reflejos brillantes recorriéndola constantemente en toda su extensión.

Sus dos compañeros se le unieron y los tres con la boca abierta, daban vueltas y vueltas observando la belleza indomable de aquel extraño lugar.

El Mago contempló una planta que estaba muy cerca suyo. Tenía un rostro humano y en las cuencas de sus ojos y en su boca abierta se veían rostros humanos. Y en estos últimos, también en sus cuencas y bocas se veían otros rostros, todos distintos a todos. Y como fractales se repetían, hasta perderse en una imperceptible mancha en la pigmentación de la planta.

De un árbol cercano, el viento movió uno de los huevos que colgaban de las ramas y lo depositó en las manos del Guerrero, quien lo miró extrañado. Al cabo de unos segundos se rompió el cascaron y una flor blanca de 15 pétalos emergió de su interior tiritando repleta de vida. El Mago empujó el brazo del Guerrero y la flor cayó al piso. Todos vieron emerger las raíces buscando la tierra para salir corriendo y perderse de la vista de nuestros hombres, llevándose su cascarón a cuestas como caparazón.

Entonces la última piedra, aquella que había permanecido callada todo el viaje, abrió la boca y dijo –Este es un jardín muy especial, pues cada planta es un sueño que la Ilusión plantó antes que la misma humanidad los soñase. Para traer la luz, deberéis encontrar el primer sueño que la Ilusión soñó. Cuando lo halléis, presentádmelo que yo haré el resto– y no volvió a emitir sonido. Nuestros hombres se quedaron en silencio, intentando analizar perfectamente lo que dijo la piedra.

–No ha dicho como haremos para encontrar ese sueño– dijo el Guerrero.

– ¿Cómo creen que debería ser el primer sueño que soñó la Ilusión?– preguntó el Detective.

Justo cuando el Mago iba a comunicar algo importantísimo al grupo, algo que sería de extrema urgencia que lo supiesen, ante la vista atónita de los 3, un torrente de flores y hojas y ramas, se arrastró hacia ellos. Al llegar, formaron 3 niños idénticos a aquellos que una vez nuestros héroes fueron.

–¿Qué hago aquí?– dijo el joven Detective, y el hombre Detective se recordó con sus 12 años teniendo ese sueño.

–Estás en algo muy importante, secreto y peligroso… vete de aquí… el destino de la humanidad depende de esto– dijo el Guerrero y al instante el hombre Detective recordó su sueño de juventud, escuchando las palabras de ese bravo Guerrero junto a esos dos raros personajes.

Y entonces, como sucede en la mayoría de las cosas donde la Ilusión mete su mano, nuestros hombres se soñaron a si mismos. Luego crearon una espiral donde soñaban que se soñaban soñando un sueño que alguna vez soñaron. Perdidos en esa ruleta dando vueltas una y otra vez, girando en espiral uno al lado del otro, se veían pasar infinitas veces, repetidas, duplicadas. Se veían conociendo al Anciano en el bosque, se veían entrando al jardín, se veían peleando en ejércitos del mundo y hasta vieron escrita su historia en un libro en una biblioteca atestada de libros.

A este punto todos deberían estar preguntándose que era aquello tan importante que nuestro Mago quería decir. En el Jardín de la Ilusión había prácticamente infinitos Magos, pero solo uno de ellos aun mantenía dentro de si, aquel conocimiento que no se pudo transmitir. Este Mago estaba perdido en los sueños de algún conflictuado escriba, perseguido por una legión de Letras burlescas, todas amontonadas en salvaje multitud. Y en un inspirado momento logró articular las palabras mágicas: “Esto no es real”. Y si bien les puede parecer trivial y simple –¡hay que sentir el poder de las palabras!– diría la gran logia mágica.

Y las repitió una y otra vez ininterrumpidamente. Y cuando estuvo convencido, se dio vuelta a enfrentar la manada de palabras. Y sucedió que lo atravesaron como si no existiese. Y el punto fundamental de la fortuna de nuestro Mago es que ignoraba que aquello que nos daña en sueños, también nos daña en la realidad. Pues bien, gracias a esta ignorancia fue inmune a la embestida de las letras, pues hay algo que tienen los Magos de verdad, y es esa obstinada manía de hacer realidad el mundo que imaginan.

Fue así también que buscó a sus amigos, y luego de dar con infinitas copias de ellos, los alcanzó enjaulados entre sueños tan indescriptibles como pavorosos. Pero les enseñó las palabras mágicas y salieron del encantamiento. Y cuando los tres estuvieron despiertos, se lanzaron a buscar el primer sueño de la Ilusión. Recorrieron todo el jardín, atravesando las grandes extensiones de tierra y selva, bosques, desiertos. Y de sueño en sueño, estuvieron en nuestros sueños, en los míos y en los tuyos, soñados o por soñar.

Y dieron con una pequeña y bella flor brillante, tiritando de frío en el calor abrasador de un desierto repleto de cactus y alimañas vegetales que reptaban. Evitando sentir su perfume, para no caer dentro del sueño, lo llevaron hasta la piedra y la depositaron cerca suyo, tal como ella ordenó.

Cuando la flor se marchitaba absorbida por la piedra, una luz cegó a nuestros héroes. Al abrir sus ojos nuevamente vieron delante de ellos un Ser Humanoide con alas cubiertas de largas plumas blancas, abiertas de par en par.

– ¡Ignorantes!– bramó la Ilusión con lástima – ¿destruiréis el sueño más hermoso de la humanidad por una condenada prueba del más Anciano de los Ancianos? –

Nuestros héroes quedaron paralizados por la confusión.

5.

Ilusión atrajo la planta para si y con ternura, suspendida entre sus manos, la contempló con dolor. Levantó la vista hacia los héroes buscando las piedras. Estas se elevaron y fueron a flotar frente al pecho de Ilusión. Levantó su rostro al cielo y entonó cánticos en la Lengua del Corazón, que en nuestros hombres evocó las voces del Anciano. Pero las palabras de la Ilusión se convertían en trazos brillantes en el aire, superponiéndose con la piedra de una manera geométricamente incomprensible. Cuatro signos fueron escritos, uno por cada piedra, tornándolas en pequeños soles giratorios, suspendidas delante del pecho de Ilusión. Luego, se fundieron con su cuerpo emanando luz por sus cuencas, orejas, nariz y boca.

Entonces con su rostro tan iluminado que no podía ser contemplado directamente estudió a nuestros héroes uno por uno. Tronó –Ahora viviréis el sueño que acabáis de borrar de la humanidad para siempre… Ignorantes Mortales, esperad a llorar la pena mas profunda, pues seréis los últimos en soñarlo– Y todo se oscureció.

Pero nuestros héroes vivieron sus vidas nuevamente, en una aldea apacible. El día era tranquilo y la noche clara y fresca. Vivian en cordial amistad con todos los pueblos vecinos y con uno u otro viajero, pues en aquel lugar, la gente no viajaba mucho.

Tuvieron hijos y los criaron, y luego ellos también tuvieron los suyos. El cariño y el respeto con el que todos se trataban mutuamente eran tan cálidos y cordiales, que parecía que nunca serían tan felices. Pero envejecieron y cada día fue más feliz aun, hasta olvidarse que era la felicidad. Disfrutaban del amor de sus mujeres y sus hijos. Trabajaban la cosecha, salían a cazar, pescaban, hacían artesanías de uso diario, y algún que otro adorno. Hacían música y las cantaban. Y cada día salía el sol y cuando la tierra estaba seca llovía en su tiempo. Un grandioso universo donde nuestros héroes vivieron casi 70 años, donde no había leyes, pues a nadie se le ocurría faltar al otro. Y la mayoría del tiempo, ni siquiera palabras eran necesarias, solo bastaba mirarse, pues en aquel mundo se veía como payaso a quien hablaba demasiado. Se olvidaron del mundo de los imperios, de sus antiguos caminos, de la magia, de sus nombres y hasta de sus edades. También se olvidaron de los sueños pues por algún extraño motivo que nuestros hombres no se preocuparon en conocer, la humanidad no soñaba.

Así sus vidas pasaron en una felicidad sin nombre, sin forma, pura. Hasta la noche de sus muertes, los 3 estaban en el mismo salón y agonizaban uno al lado del otro. Todos sus hijos, nietos y bisnietos estaban allí con sonrisas y cariños de despedida. En aquella medianoche la Ilusión misma en persona los fue a buscar, y nadie parecía oponer resistencia a tan bella flor. Allí nuestros héroes salieron de su encantamiento y comprendieron que todo había sido un sueño.

Las primeras palabras del Mago al recobrar su antiguo cuerpo de 45 años, allá en el Jardín de la Ilusión, fueron – ¿Donde está el baño? – pues ese cuerpo tenía problemas urinarios.

La Ilusión rugió –En este jardín he plantado todos los sueños de los hombres– y luego miró su flor marchita y continuó con tristeza –pero mi primer sueño parece no gustarle al Anciano–

– ¿Por qué? Es bellísimo, un mundo justo, bello, equilibrado, es… vida, vive, nunca estuvimos tan vivos en esta tierra– dijo el Guerrero recordando las bravas cacerías que tuvo en su sueño, los tremendos leones, los osos y los jabalíes angustiados. Y también sus amados hijos y los amaneceres en el río, los anocheceres entre las piernas de alguna mujer agradable.

–Porque es un mundo muy simple– sentenció el Detective con pura lástima en su voz –El Anciano no quiere el equilibrio eterno, el Anciano quiere un péndulo, Oscuridad y Luz. Para ser su centro, su punto atemporal, el eje Universal–

– ¿Pero quien es en definitiva este Anciano? – preguntó el Guerrero.

Hubo un silencio pesado, tremendo. Hasta el viento calló y las plantas dejaron de moverse. Se cruzaron las miradas, y el Mago que llegaba de aliviarse, lo miró con gravedad y con disimulo señaló con los dedos el cielos y la tierra que en esos momentos, también habían dejado de moverse.

Cuando el siseo del viento y el reptar de los vegetales volvió al cabo de unos minutos, el Guerrero preguntó – ¿Que haremos ahora?, hemos destruido el sueño mas hermoso de la humanidad–

–Vendrán otros– dijo con seguridad el Mago recordando la teoría de los multiuniversos desfasados.

–Este es las semilla de todos– dijo la Ilusión –sin él no hay ninguno–.

– ¿Entonces solo habrá Oscuridad?, ¿pero y la Luz? – preguntó el Guerrero.

–Habrá Luz y habrá Caos, porque faltará el sueño–

–Pero tú supuestamente nos confundes, nos ciegas– dijo el Guerrero dando un paso para atrás mirando a sus compañeros.

–Otros me llaman Deseo–

–Por eso es tuyo este Jardín– remató el Detective.

– ¿Pero porque no habían sueños en tu primer sueño? – preguntó el Mago.

–Porque la Ilusión quiso vivir, ser plena vida– concluyó el Detective con lágrimas en sus ojos, cayendo de rodillas. Ilusión le hizo una reverencia con la cabeza.

– ¿Cómo plantamos un nuevo sueño?– preguntó el Guerrero.

–Con las 4 piedras– respondió la Ilusión.

– ¡Bien!, tu las tienes– dijo el Mago, pero notando que la luz del cuerpo de la Ilusión se había apagado hacia ratos, preguntó dubitativo – ¿las tienes verdad? –

–Ya se han marchado– contestó Ilusión.

–Vuelven al Anciano– concluyó el Detective

–Vallamos a buscarlas– rugió el Guerrero.

Pero la Ilusión sentenció –Nadie sale de este Jardín–.

6.

Una mañana de primavera, según narran nuestros escribas, el sol volvió a salir y recorrió todo el firmamento, como en las antiguas épocas de Luz. Las velas y candelas se apagaron, y todos en las calles bailaron ebrios de emoción. Se declaró día de alegría mundial, pero en aquel primer anochecer, la sorpresa fue total. No volvió la Oscuridad, y la Luz de día y noche, iluminaba la humanidad. Intentando ocultar el absoluto desconcierto, las actividades se reanudaron y se declaró públicamente el edicto del Emperador, el inició de una Nueva Era de Luz.

Nadie supo nada acerca de nuestros hombres durante casi 2 meses. Pero una noche blanca se les presentaron en sueños a los 3 Emperadores, pidiendo un escriba, pues narrarían su historia. Inmediatamente, con pleno desconocimiento de que los otros Emperadores supiesen algo del asunto, en misión ultra secreta se volvió a reabrir el caso. Cuando todo se dispuso tal cual lo indicaron, nuestros mas grandes héroes narraron su gesta en directo desde el Jardín de la Ilusión, para toda la humanidad durante 60 días y 60 noches, descansando solamente para que los Emperadores despierten y hagan sus rituales y se higienicen convenientemente.

Los 3 héroes exigieron a los Emperadores que se de público conocimiento de la historia, pero que primero lo cotejen entre los tres Imperios. Luego se publicaron en todas las lenguas del mundo.

En el siglo de la Luz el mundo estaba dividido en tres grandes imperios que se enceguecían mutuamente. La triste humanidad tanteaba las paredes como ciegos y sus calles estaban iluminadas con irradiaciones de todos los colores. La luz, aprovechando el descuido de la Ilusión, había inundado los cielos cegando cada rincón de la tierra. Algunos se atragantaban tanto de Luz, que fue una época de suicidios en masa. Otros en cambio, se ocultaban en cavernas.

Pero yo estoy en este bosque, buscando a mis ancestros por la ruta de los sueños. Mi familia desciende de uno de los grandes hombres, mi apellido resuena en monumentos y calles, aunque mi nombre no es tan importante. En sueños los Héroes me han dicho lo suficiente. Buscaré las piedras.

Piso las ramas de este bosque gélido que ellos alguna vez pisaron. Y allí está, sí, veo al Anciano parado ante su fogata. Escucho sus cánticos y veo como prepara su pipa.

Me acerco a él y me convida, y como en la leyenda, contengo el humo. Luego de fumar, me mira y me dice –Eres un buen chico, tienes un buen sueño, de veras, un lindo Deseo. ¿Si te doy las piedras podrás cumplirlo?, deberás llevarla a un Jardín y allí enterrarlas. Eso si, no creo que vuelvas pues deberás cuidarlas porque son muy frágiles–

– ¿Y eso traerá la noche también?, ¿restablecerá el orden de los días? – pregunté.

– ¡Eres un niño muy inteligente! Buenas preguntas. ¿Sabes?, tu juventud se ve en tus ojos como grandes piras que arden en tu interior– dijo el Anciano.

Y lo interrumpí –Tu las pusiste ahí, mi tátara tatarabuelo me lo dijo en sueños–

–Si plantas las piedras en el orden que ellas te indiquen, restablecerán el orden de los días, y la noche será oscura, y los día tendrán luz– volvió a fumar de la pipa, y miró hacia el cielo claro y despejado –Y tu ciertamente, no volverás– largó el humo sonriendo, pasándome la pipa para fumar. –Pero dime niño, ¿Ya lo sabes verdad?, ¿te lo dijo tu ancestro?…bien, muy bien, pero ¿te dijo también que eres un sueño?– preguntó el Anciano con un brillo intenso en sus ojos – ¿Mencionó acaso quien los sueña? –

Yo asentí mientras largaba el humo y el Anciano sonrió satisfecho. Empezó a cantar y con cada nota me levantó de mi asiento y me hizo caminar, alejándome del lugar. Y aunque ya estaba lejos seguía escuchando su voz dentro de mi cabeza, como un eco infinito y cíclico.

Pero debo dejar ahora mis notas aquí pues las piedras me están marcando el camino. Además, una de ellas me ha dicho –Apúrate niño, no tenemos todo el día–

Lector, si me ves en sueños te diré como acaba la historia. Pero si el orden de los días ha vuelto sabrás que tuve éxito, y en el Jardín de la Ilusión, encontrarás creciendo mi Deseo.