Cuentos y Textos que fui escribiendo a lo largo del camino

domingo 19 de agosto de 2007

Un Cielo de Agua

Un Cielo de Agua

Luego de un largo día de trabajo, aburrido y preocupado por el futuro, el hombre preparó una pequeña mochila. Se despidió amorosamente de su mujer, no sin antes prometerle a su hijo de 3 años, que jugarían a Peter Pan cuando retorne. Así salió de su casa cuando el sol empezaba a caer tras las casas y los edificios de la ciudad. A unas pocas cuadras estaba la playa donde pensaba nadar un poco como todas las tardes. Pero aquel día, antes de bajar a la arena, pensó con cierta tristeza –Está muy bien nadar, claro que sería mejor si estuviera haciendo dinero- Luego se detuvo en un quisco y compró una bebida helada. La metió en el bolso y sacándose las hojotas, pisó la arena caliente. Caminó con la mirada perdida en el ancho río y en el reflejo del brillo del sol, sintiendo la arena rozar sus pies. Dejó su bolso cerca de la orilla y corrió hasta sumergirse en las aguas.

Nadó contra la corriente hacia el centro del río intentando disfrutar cada una de sus brazadas, pero las preocupaciones diarias volvían a su mente una y otra vez. Sentía el agua contener su cuerpo con una leve resistencia. Nadó sin ritmo, intentando una danza dislocada entre las corrientes y los remolinos, con la misma lenta mecánica mil veces practicada. Deslizándose en las aguas pensó –esto es un juego de niños – Pero un remolino lo tomó de las piernas y lo revolcó hacia el fondo. Asfixiándose se sintió caer hacia un abismo negro y opresivo. Intentó sostenerse de un risco recordando vivamente la imagen de su mujer y su hijo mientras perdía el conocimiento.

Despertó acostado en una cama, mientras algunos hombres y mujeres, parados alrededor, lo miraban con curiosidad. Cuando se pudo incorporar, no podía reconocer donde estaba o con quien estaba. Con amabilidad lo trataron y le dieron ropas para que pudiese salir a caminar.

Estaba en una urbe muy parecida a la suya, con comodidades muy parecidas a las suyas. Cuando le enseñaron la ciudad lo dejaron enormemente confundido. Nadie concia siquiera su país o incluso algún otro de la Tierra. Parecía estar incluso, en otro planeta. Hasta que le llamó la atención el cielo, una bóveda de agua. Entonces le contaron que aquel cielo era llamado ucda que significaba “UnCieloDeAgua”. Nuestro personaje creyó entonces que este pueblo estaba en algún lugar debajo del río de toda su infancia. Desechó la idea de estar muerto, o incluso soñando. Algo en su corazón se lo gritaba de manera desesperada.

Aquel mismo día se convenció de que en aquel sitio nadie creía su historia ni tampoco conocían su mundo. Entonces empezó a preguntar si alguien había navegado el cielo. Pero nadie había hecho cosa alguna. A los pocos días, cuando juntó suficiente información, emprendió un viaje hacia el horizonte acuoso para descubrir si podría salir por allí. Recorrió aquel mundo durante varios años, movido por el desmesurado deseo de volver a ver a su amada familia. Pero con el tiempo descubrió que aquel mundo también era redondo, como la Tierra misma, suspendido dentro de lo que él pensaba, una gran burbuja de aire en las profundidades imposibles del río de toda su infancia.

A los pocos meses, se resignó y ya no volvió a preguntar si alguien sabía como salir de aquel mundo, como navegar los mismismos cielos y llegar hasta los dominios del gran Ca, “Cielo Amarillo” llamaban a su pequeño y tenue sol.

Vivió en las plazas y en las afueras de los pueblos. De vez en cuando conseguía algunos trabajos que le deban alimento y con suerte, un techo y una cama donde descansar. Todas las noches, antes de ir a dormir, ya fuese cómodamente o a la intemperie, al cerrar sus ojos recordaba a su esposa y a su hijo, y sin quererlo, lloraba amargamente.

Hasta que un día, un granjero que le dio techo y comida para pasar la noche, le contó de un Maestro al otro lado del mundo, que parecía saber los secretos para navegar los cielos. Enardecido su deseo de volver con su familia, volvió a recorrer aquel mundo hasta llegar, mediante las indicaciones de los aldeanos, hasta donde vivía aquel famoso Maestro. Con paciencia esperó su turno para hacerle una pregunta pues mucha gente de todas partes del mundo se acercaba hasta el Maestro por lo mismo.

Cuando llegó su turno, angustiado contó su breve y fantástica historia. Ante la mirada desorbitada e incluso burlona de algunos presentes, concluyó su relato preguntando con lágrimas en los ojos – ¿Como salgo de aquí?

El Maestro miró largo rato en los ojos del hombre con su rostro inmóvil y sereno, solo sus ojos parecían ahondarse en el hombre que ahora se arrodillaba y lloraba –por favor, ayúdeme, mi familia me espera ¿Quién cuidará de ellos?

–Te ayudaré – respondió el Maestro imperturbable –Para hacerlo, necesito que busques un grano de mostaza de alguna casa, donde halla alguien, que allá logrado salir de aquí. Y entonces podré mostrarte como hacerlo-

El hombre agradeció y salió envalentonado a buscar aquello tan sencillo. Pero volvió a recorrer todo el mundo y no encontró a nadie. Regresó con el Maestro y sentándose lentamente a sus pies, luego de un largo suspiro dijo –Ya lo entiendo. No se puede salir-

El Maestro asintió y le dio unos consejos simples –Lo que estás buscando, no lo encontrarás buscándolo. Ve y haz cualquier trabajo, luego aliméntate, límpiate y ven conmigo todas las tardes. Si es necesario charlaremos un poco-

El hombre consiguió una cabaña y al tiempo también encontró trabajo, que si bien no lograba mantener, le servía para sobrevivir. Incluso las noches habían dejado de tener el gusto amargo de los recuerdos de su familia. Antes de ir a dormir, cerraba los ojos y si por ventura, recordaba su esposa o su hijo, reía pues incluso desconfiaba que todo aquello haya existido siquiera. Todos los días antes de ir con el Maestro, agradecía que existiera el río cerca de su casa, pues después de cada jornada de trabajo, iba al río a darse un baño y a nadar.

Una tarde se bañó en el río sintiendo el agua sostener sus brazadas. Se sintió volver una vez más al seno materno. Nadó en armonía sutil con la danza de las olas. La corriente lo llevó hasta unos remolinos deslizándose a gusto. Pero inesperadamente un torbellino lo revolcó hacia el fondo. No pudo salir asfixiándose, cayendo en un abismo negro y opresivo. Cuando estuvo a punto de perder el conocimiento, mediante un tremendo esfuerzo, intentó sostenerse de un risco.

Se impulsó hacia arriba sin saber muy bien de donde salían sus fuerzas. Desde la oscuridad opresiva del fondo del abismo, divisó algunos tenues haces de luz. Nadó lentamente al principio, acelerando en tanto conseguía impulso.

Salió a la superficie y dio una gran y profunda bocanada de aire. Nadó hasta la costa y cuando se incorporó se descubrió en las arenas de la playa de toda su vida, la de su niñez y adolescencia.

Se adentró en la playa y descubrió su mochila en la arena tal cual recordaba que la había dejado hacia tantos años atrás. Entonces recordó también la bebida y sorprendido, descubrió que aun estaba helada.

Miró el cielo un largo rato y no pudo precisar si era su cielo o si era una bóveda de agua. Suspiró alejando los pensamientos de su mente y se puso las hojotas. Cargó la mochila al hombro y salió de la playa caminando muy lentamente rumbo a su casa, junto a su amada familia.