Cuentos y Textos que fui escribiendo a lo largo del camino

jueves 1 de mayo de 2008

La Hora Más Oscura

1.
El señor Enrique despertó a su mujer y fue a preparar el desayuno. Prendió la radio en la cocina y se enteró que la suba del dólar afectaría todos los precios de manera dramática. Enrique se agarró la cabeza “la plata alcanza apenas ¿Como vamos a seguir comiendo?” También informaron el número de muertos en un incendio del manicomio y advirtieron que muchísimos internos habían escapado. Enrique sirvió el café caliente en las tazas y se rió al pensar –Ahora estamos juntos en este manicomio–
Luego del desayuno, se despidió de su mujer y salió rumbo al trabajo.

Enrique bajaba por la gran Avenida hacia la oficina cuando alguien le dijo –Hola–.
Recién entonces vio a la mujer y su sensualidad. Algo en sus ojos café con leche llenos de tristeza, le produjo un escalofrío que subió y bajó por su columna vertebral. Era un hecho, no la recordaba y además, llegaba tarde al trabajo.
–Soy Mariana– murmuró con su piel blanca como la leche. Su pelo cortísimo era una pelusa roja brillante recorriendo la circunferencia de su cabeza. Ella le regaló una hermosa sonrisa con sus labios rojos y el escalofrío de Enrique se convirtió en fuertes palpitaciones. Súbitamente recordó quien era ella y sus ojos cambiaron de intención, el deseo cedió lugar a una mirada llena de pesar.
– ¿Cómo estás?, ¿que es de tu vida?- preguntó Enrique anonadado por la sorpresa.
–Mi vida es lo nuestro– dijo casi en un suspiro.
–Ahora no puedo hablar–
– ¿Ya olvidaste que el Tiempo no existe? “Ahora” siempre es el momento– Enrique suspiró con pena negándolo. Le daba tanta lástima la pobre niña abandonada a su suerte, como la primera vez que la vio. Y como siempre, él y sus momentos de flaqueza, ¿la amaría nuevamente, la protegería, la cuidaría? Enrique estaba seguro que no podía, había cambiado. Más allá de su matrimonio, Enrique sintió que no podría tolerar su voluptuoso amor repleto de cuestionamientos, desplantes, momentos de furia o incluso euforia. Su pasión repleta de buenos tratos y naufraga en malos tratos. Se marchó lo mas lejos que pudo dejándola en las manos de otro hombre, usado por ella solo para darle celos.
La miró a los ojos y dijo con enérgica decisión –Me voy a trabajar– sacó una tarjeta y pasándosela concluyó –Pásame a buscar o llámame cuando quieras–
Mariana contempló a Enrique marcharse y continuó subiendo la gran Avenida.

2.
Antes de salir de la oficina, Enrique cruzó un par de palabras con la recepcionista. Entre risas por las bromas, la chica dijo – ¿Ves esa mujer allá afuera? Está desde el mediodía. Parece que espera alguien– Enrique miró fuera y vio a Mariana parada. La sonrisa se le borró del rostro.
–Me espera a mí– dijo Enrique y antes de salir del edificio, llamó a su casa para decirle a su mujer que llegaría más tarde. No había nadie, seguramente se había retrasado en algo. Dejó el mensaje y apagó su celular.
Al llegar junto a Mariana se dieron un beso. Enrique sintió el calor y la suavidad de la piel femenina. Caminaron en silencio un par de cuadras cruzando miradas hasta que Mariana paró un taxi. Al subir dio la dirección de su casa. En el viaje no hablaron ni una palabra.
Entraron a la casa y Mariana trajo una cerveza y dos vasos. Había una biblioteca repleta de libros, una mesa, unas cuantas sillas. Tenía dos sillones que recordaron a Enrique las habilidades de Mariana en la escultura y la fundición. Enrique se sentó en un sillón con forma de mujer donde se sintió bastante cómodo. Mariana se sentó en otro con forma de hombre.
–Vuelvo con vos– dijo Mariana rompiendo al fin el silencio tan respetado por Enrique.
– ¿Cómo? – dijo Enrique olvidándose de la comodidad y con el rostro transformado en una mueca de confusión.
–Me mudo a tu casa. Hoy mismo-
– ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? –
–Lo nuestro no terminará jamás–
–Pero, ¿No tenías marido? –
–Lo maté– dijo Mariana y se mandó un fondo blanco de su porrón de cerveza. Enrique dejó su vaso en la mesa con los ojos abiertos como dos soles. Mariana continuó tranquilamente –Nunca pudieron encontrar el cadáver porque estoy sentado sobre él–
Enrique miró el sillón de metal de Mariana. Ella estaba sentada sobre las piernas de un hombre y apoyaba sus brazos en los brazos del hombre, quien a su vez estaba apoyado en una base de almohadones barrocamente decorados.
– ¿Cuándo dejaste el cuerpo dentro del molde?- dijo Enrique con un hilo de voz.
–Hace unos años. Pero al fin me escapé de ese manicomio. No creerás que fue fácil, me costó un año casi. Pero ya sabes, para nosotros el tiempo no existe– dijo Mariana con sus ojos café con leche y su curvas furiosas moviéndose sobre las piernas del sillón.
–No puedes venir conmigo. Estoy casado–
–Estás sentado sobre tu mujer. Está bien seca ya, no te preocupes– Dijo Mariana con total naturalidad –La hice hoy a la mañana antes de ir a buscarte. Es un presente–
La respiración de Enrique desapareció, sus pupilas se dilataron. Se paró y contempló detenidamente su sillón. Las lágrimas salieron de sus ojos cuando vio el rostro de su amada en la fundición del metal del sillón.
– ¿Qué hiciste insensata?- gritó Enrique temblando y cerrando los puños con furia.
Mariana se levantó y Enrique creyó que estaba más alta y más grande.
Ella gritó –Porque me perteneces. Porque Yo te rescaté en tu hora más oscura– Enrique sintió el viento de la voz de Mariana –Porque yo sacié tu sed cuando nadie lo hizo. Porque gracias a mi has llegado hasta este momento–
Mariana dio unos pasos y tocó el rostro de Enrique diciendo –Me Perteneces–

3.
En la oscuridad del pasillo de un edificio de la capital, convocados delante de una puerta, el escuadrón de Crímenes complejos de la Policía Federal aguardaba la orden de Nelson, Oficial a la cabeza del operativo, para atrapar a la loca que se creía, había sido artífice del motín y del incendio del manicomio.

Mariana sacó un cuchillo de cocina de sus ropas y Enrique retrocedió. Mariana saltó sobre él y la policía derribó la puerta de la casa. Mariana empuñaba el cuchillo para clavarlo en el corazón de Enrique cuando levantó la vista y vio al Oficial Nelson gritándole –Alto.
Mariana gritó con furia de vientos huracanados – ¡Es Mío!– y bajó el cuchillo hacia el corazón de Enrique. Los primeros tiros los dio el Oficial Nelson, directos al corazón de Mariana, luego los demás policías dispararon y la pieza se llenó de humo.
Cuando todo se calmó Nelson se acercó y encontró a Mariana encima de Enrique, sumergidos en un mar de sangre. El Oficial Nelson separó los cuerpos sin vida y encontró al señor Enrique con el cuchillo clavado en el corazón.

4.
El Oficial Nelson, luego de terminar el papeleo del caso, fue a un bar a tomar unas cervezas con el propósito de alejar el trabajo de su mente. Nelson estaba solo, se sentía en una de sus horas más oscuras. No recordaba haber estado tan mal anteriormente. Necesitaba sentir una mujer a su lado. Necesitaba amar y sentirse amado. El Oficial Nelson creía que se lo merecía. En medio de sus tribulaciones, una señorita se acercó y le pidió fuego. Nelson levantó su vista y vio sus ojos color café con leche, la piel blanca enmarcada en una larga cabellera roja y brillante. Nelson acercó el fuego al cigarrillo y dijo – ¿Quieres tomar algo conmigo?...
–Es que me gustaría pero… – balbuceó la señorita.
–Si no tienes tiempo, puedo acercarte donde sea– propuso el seductor.
La señorita sonrió largando el humo. Le dedicó una mirada profunda con sus ojos café con leche y respondió – ¿Porque no?, después de todo, el tiempo no existe– y se sentó a su lado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bueno, realmente tenes el don.!
saludos

Martin dijo...

Genial el cuento.
A todos nos espera una Mariana, con la que vamos a morir.

Hace un tiempo, escuchaba esta canción, recordando a ella:

"sabiendo que el camino ya no acerca,
regreso a la infiedad de mi morada,
lugar donde no estás para abrazarme,
poblado de silencio y casi nada,

la solidéz obscura, aunque amanezca,
el dolor se parece a la aventura,
horizonte que cambia de colores,
obstinado paisaje que perdura.


he perdido un amor, así de simple,
desconozco los límites, me niego,
es acaso este frío intenso adentro,
ó esta pena escurriendo entre los dedos."

Te envío el tema por mail.
Cada vez que lo escucho, me acuerdo de ella.

Quien sabe, tal vez aparezca y me mate. Ya fué.